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Última edición: 2008, No. 1

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Prioridad 1: La Formación
Ministerial Transgeneracional

Por Jorge Echazábal y Rodney Boyd

Bloque sobre bloque, que se superponen a la vez que se extienden, nuestro ministerio transformador se va constituyendo en un extenso muro. Así procuramos que sea nuestro aporte en relación con las siguientes generaciones. No estamos solo ligados en tiempo y espacio; la transmisión del evangelio y del ministerio de generación a generación lleva un pegamento que los une. Los bloques se traslapan para dar fuerza al muro. Significa que nuestra fortaleza e influencia actual determinarán la firmeza y el impacto ministerial de aquellos que hoy reciben de nosotros, pero mañana nos relevan.

Porque cada maestro comprometido es un líder, responsable de dejar una huella, un legado inspirador para esos ministros que vienen de tan variados trasfondos culturales y sociales para capacitarse mejor en el Instituto Bíblico. Es allí donde 2 de Timoteo 2:2 se convierte en la carta de navegación para esos ministros multiplicadores. Entregaran un modelo o ejemplo eminente y un contenido relevante. En este proceso estamos conscientes de cuándo comienza, pero nunca podemos determinar cuando llegará a su final porque es una constante TRANSGENERACIONAL.

Formación Ministerial Transgeneracional

En este punto es importante reflexionar que hay una acción de la educación cristiana entendida como INTERGENERACIONAL que se refiere a la necesaria tendencia de involucrar en el proceso de manera integral a todos los componentes de la comunidad (padres, hijos, adultos, jóvenes, niños, etc.). Esta es la tarea de la educación cristiana en la Iglesia Local, dar un lugar importante a cada miembro. Pero al acuñar este término TRANSGENERACIONAL hablamos de la parte del proceso en la que individuo es llamado por Dios al ministerio, etapa en la cual se inicia un nuevo ciclo dentro de los propósitos divinos.

La cadena que el Apóstol Pablo inicia de transmisión ministerial nos obliga a pensar entonces en tres conceptos generacionales: La generación natural, de la vida (de padres a hijos en el plano humano, familiar), la generación espiritual (de “padres espirituales”, como la relación de Pablo y Timoteo, a quien él llama mi hijo) y, derivada de esta, la generación ministerial. Es esta última la que nos ocupa, en el momento en que el Centro de Recursos y Asesoría propone a la familia educativa Latinoamericana pensar en algo como “Prioridad 1: La Formación Ministerial Transgeneracional”, basada en 2 Timoteo 2:2.

A lo que se estima como un valor intrínseco, pero reconocible por la transmisión verbal desde la primera generación (“lo que me has oído decir…”- versión NVI) comunicada a la segunda generación (“encomiéndalo” –tu-) se le aplica el método de transmitir, confiar, multiplicar, sobre una base de idoneidad y fidelidad exigida a la tercera generación (a creyentes –ellos- “dignos de confianza, que a su vez estén capacitados…”). Estos últimos ejercerán influencia sobre una cuarta generación (para enseñar a otros…) y así sucesivamente.

Formación Ministerial Transgeneracional

Estamos hablando de entregar un legado, una herencia de un ministerio de impacto que se renueva constantemente, como el águila renueva su plumaje. Todos, desde la primera generación hasta las siguientes se mantendrán vigentes por medio de la actualización y la renovación. No es un “entregar” y despedirse; es mantener vivo y relevante el ejemplo motivador. Pablo resume este modelo cuando menciona que: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Fil. 3:13-14). Las generaciones humanas se relevan, la generación espiritual – ministerial se releva y se superpone mientras se fortalece.

Lucas habla en Hechos del ministerio de Jesús como “lo que comenzó a hacer y a enseñar” (1:1). Luego se vio esa continuidad por la obra del Espíritu Santo en los discípulos y llamados los del “camino” y luego con una mayor identificación como “los cristianos”. En el CRA queremos ser de influencia para facilitar procesos de intercambio que nos conduzcan otra vez a modelos formativos de discipulado y mentoría, refinando así el alto llamamiento del ministerio de la enseñanza y manteniendo el continuum de la generación espiritual – ministerial.

El Espíritu del Maestro seguirá ligando cada uno de esos bloques, el muro se hará fuerte y mantendrá su continuidad contribuyendo a la vitalidad de los ministros y la Iglesia Local. Dios seguirá encargando a hombres y mujeres fieles e idóneos y nosotros estaremos allí con su ayuda, para ser parte de tan importante proceso.